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UNA TAZA DE CAFÉ SIN INTERÉS

Escribe: Ana M. Charry T.

 

Ella es una señora de 76 años de edad tiene su cabello corto y pintado de color morado, ya por sus canas; es de contextura alta y delgada; por su edad utiliza lentes de gran aumento. Sus vestuarios no se ajustan a la moda, tiene su propio estilo, sus  combinaciones trascienden la simetría, luce con orgullo sus faldas largas  y blusas de colores, jamás piensa en el que dirán.

 

Matilde vive en el barrio Santander de la ciudad de Neiva por la calle 24, su casa es de color naranja y rejas blancas. En su casa tiene una miscelánea, allí trabaja desde hace ya muchos años. Y hay algo que me da curiosidad en su sala,  ahí tiene un afiche que abarca toda una pared y es una vista increíble al mar; ella dice que su casa es la orilla de esa masa de agua y eso le da mucha tranquilidad.

 

Inicia su día a las 5:00 am y lo primero que hace es darle las gracias a Dios por un día más de vida, luego realiza sus labores de hogar. Después,  la veo pasar en la mañana y también en la tarde, normalmente a la misma hora, por aquella acera tan transitada con su olleta de café y sus vasos, siempre con su cara seria y sin risa alguna sólo se enfoca en lo que va hacer.

Ella es una mujer misteriosa o será que es muy reservada. Pero, descubrí cuál es su gran secreto, por decirlo así, ella nos motiva a trabajar y a servirle a la gente, por eso a un grupo de personas nos lleva los tinticos del día. Siempre la veo caminar apresurada, su físico no refleja la  edad real,  siempre está activa, le encanta leer la biblia,  creo que su lectura la pone en práctica, pues existe esa actitud de amar y compartir, así se ve radiante, no más al verla llegar con su olleta de café, eso lo inspira a uno… esta historia recoge una acción que ya no se realiza  en nuestro diario vivir.

 

 

 

 

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