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Del Cine a la Realidad

Escribe: Yenifer Piedrahita R.

 

Yoni, un joven de 26 años de edad y con una linda profesión, nació en una humilde vereda ubicada a un costado de una de las maravillas del mundo, el desierto de la ‘Tatacoa’; entre tanto, para conquistar esa profesión le costó mucho esfuerzo y dedicación, pues cuando no se cuenta con buenos ingresos no es tarea fácil para lograr las metas trazadas. En su niñez estuvo rodeado de violencia debido al desorden público de la época. Y aunque pareciera algo inexplicable y casi imposible, su vida tuvo un cambio inesperado y de un momento a otro paso del polvo de las calles de su pueblo a la gran selva de cemento.

Neiva, era su gran oportunidad para hacer realidad sus sueños. Por supuesto, no todo es fácil en la gran ciudad y menos si no cuentas con el dinero suficiente; así que empezó la búsqueda de un trabajo que le ayudara con sus estudios. Y con mucha suerte se encontró con un viejo amigo que estaba trabajando en las salas de ‘Cinemark. Desde ese momento, Yoni  aceptó el ofrecimiento de un puesto de trabajo; se convirtió en el nuevo acomodador, un trabajo para nada sencillo.

 

Mientras tanto, se imaginó lo maravilloso que sería trabajar en un sala de cine, mirando una pantalla gigante y lo más atractivo de todo, podría ver todos los estrenos que estuvieran en cartelera, gratis  y en la sala que quisiera; sin embargo, la realidad fue otra, su primer día de trabajo fue tan duro y extenso que ni siquiera tuvo tiempo para mirar una parte de alguna película. ​Desde luego, la vida tiene retos para afrontar y superar.

 

Los días fueron pasando… él siempre acompañado de una escoba y un trapero, limpiando el desorden que deja el fin de una función y en ocasiones era demasiado ‘complicado porque hasta vomito tenía que limpiar. Pero, no todos los días eran así de malos, pues cuando sentía ese profundo olor a maíz pira y en medio del ir y venir de la gente se cruzaba el sueño que lo animaba:  estudiar en la universidad.

La rutina diaria entre el cine y la universidad se volvió cada vez más agotadora pero placentera, pues su jornada de trabajo terminaba sobre las 3:00 de la madrugaba y  a las 5:00 de la mañana  estaba de pie, muy animado, para emprender sus estudios. Este sacrificio le era significativo, ya que se destacaba en la universidad y varias veces llegó a ser el mejor empleado del mes. Al fin, culminó su Licenciatura en Lenguas Extranjeras. El trabajo realizado durante años en los pasillos de un cine dio fruto.  Un ciclo de vida se apagó en aquellas salas de cine y otro comenzó abrirse, hoy se entrega con pasión a su labor docente . ​

 

 

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