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Historia de un soñador

ESCRIBE: José L. Muñoz H.

A lomo de mula, con una máquina de coser marca PFAFF, atravesando la montaña desde Bolívar (Cauca) y a sus escasos 26 años, salía en busca de sus sueños el señor Gerardo Muñoz Muñoz. Llegó a un pueblito del sur del Huila llamado Saladoblanco, un lugar pequeño, lejano y lleno de godos. Don Gerardo, con pensamiento liberal, parecía estar en el lugar equivocado. Sin embargo, se acomodó, trabajó como sastre, fotógrafo y como músico. Allí conoció a la mujer con quien compartiría el resto de su vida y por encima de la desaprobación familiar  formó un hogar bendecido con nueve hijos.

 

Su visión del mundo, pensamiento de avanzada y su talante, lo obligaron a buscar nuevas opciones de vida para su familia y fue así como decidió viajar hacia Pitalito (Huila) donde muy pronto pudo ubicar a sus hijos en los colegios y escuelas y emprendió su proyecto musical llamado Séptima Dimensión, en compañía de sus hijos mayores.

 

 

En su constante búsqueda de sacar adelante a su familia en lo educativo, laboral y mejorar las condiciones de vida, puso su mirada en Neiva. Una vez allí, a fuerza de amor, entusiasmo, ganas de triunfar, responsabilidad, estudio a sus hijos, les brindó las herramientas para ganarse el pan de cada día y sobre todo, los valores éticos y morales para enfrentar la vida.

 

 

Nunca olvidó su sueño musical y fue así como posicionó por más de 40 años a la orquesta Séptima Dimensión como la decana de las orquestas, quien haría el deleite en fiestas populares y sociales no solo en la ciudad, sino en todo el sur de Colombia. Este hombre, trabajador incansable, honesto, fiel a su filosofía, nos dejó su legado y falleció a su 87 años. Los que le sobrevivimos, mantenemos en alto su principal anhelo y proyecto, en memoria de ese gran ser humano visionario que a pesar de las dificultades económicas y sociales nunca abandonó su sueño de vida.

 

Escribo esta pequeña historia en homenaje a mi padre, nunca lo hice en vida de él, pero aprovecho esta oportunidad para darle mil y mil gracias por haber sido ese motor que nos impulsó a todos a ser quienes somos.

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