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UNA HISTORIA QUE ¡TRASPASA EL ALMA Y EL CORAZÓN!

 

Escribe: Johan Rojas

 

Cuando me encontraba en busca de un estuche para el celular  me encontré con Julio López, líder de un sindicato de vendedores informales, trabaja en un puesto semiestacionario  en  el microcentro de la capital del Huila-Colombia, Neiva. Nos pusimos a charlar y me cuenta que se encuentra enfermo y preocupado porque su puesto de trabajo puede ser borrado del centro de la ciudad, ya que algunos piensan que las calles se hicieron para caminar en un país donde se brindan pocas posibilidades de empleo.

Mientras me cuenta su historia llegan clientes y también sus hijos, quienes le colaboran  allí y dice el señor López que los lleva para que no cojan vicios, prefiere enseñarles a trabajar, que aprendan un poco de este trabajo que le ha dado de comer y le ha dado la posibilidad de sobrevivir durante veinticinco años.

Entre tanto, la zozobra de don Julio es aquella de perder su trabajo en esta gran economía informal que provoca las políticas gubernamentales y que algunas veces este empleo de calle sirve para subir las cifras de empleo del Dane.  Luego, salen a decir  que el país va por buen camino. Pero, si se prohíbe el trabajo en la calle genera  camino equivocados para muchas personas, incrementando así muchas problemáticas, argumenta este trabajador que vive de la suerte de las ventas.

Se siente muy agradecido por todas las personas que le compran porque de ahí depende el estudio que se le puede ofrecer a los hijos, además de la alimentación y el vestuario, mejor dicho que puedan tener una vida “digna”. Bendito sea Dios y   gracias a Dios, son las frases que más utiliza cada vez que llega un cliente o cuando alguien pasa por allí para saludarlo. Esta conversación no solo había agotado el día sino que traspasaba mi alma, más cuando  las ventas cada día se ponen más complicadas.

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